Opiniones personales. Opiniones ajenas. Mafalda. Otros

sábado, 2 de enero de 2016

Con la esperanza de recuperarlo

Hoy lloramos la muerte de un querido amigo, 'Sentido Común', que ha estado entre nosotros durante muchos años.  Nadie sabe a ciencia cierta cuántos años tenía, puesto que los datos sobre su nacimiento hace mucho que se han perdido en los vericuetos de la burocracia.

Será recordado por haber sabido cultivar lecciones tan valiosas como que hay que trabajar para poder tener un techo propio sobre la cabeza; que se necesita leer todos los días un poco; saber por qué los pájaros que madrugan consiguen lombrices, y también por reconocer la validez de frases tales como 'la vida no siempre es justa' y 'tal vez haya sido yo el culpable'.

Sentido Común vivió bajo simples y eficaces consignas: (no gastes más de lo que ganas). Su salud comenzó a deteriorarse rápidamente cuando se aplicaron reglas bien intencionadas pero ineficaces: informes respecto a un niño de seis años acusado de abuso sexual por haber dado un beso a una compañera de clase; adolescentes que debieron irse a otro colegio por haber denunciado a un compañero distribuidor de droga, y una maestra despedida por reprender a un alumno indisciplinado, sólo hicieron que empeorara su condición.

Sentido Común perdió terreno cuando los padres atacaron a los maestros, sólo por hacer el trabajo en el que ellos fracasaron: disciplinar a sus ingobernables hijos.

Declinó aún más cuando las escuelas debieron requerir un permiso de los padres para administrar una aspirina, poner protector solar, o colocar una tirita a un alumno. Aunque eso sí, no podían informar a los padres si una alumna estaba embarazada y quería abortar.

Sentido Común perdió el deseo de vivir cuando los Diez Mandamientos se convirtieron en material risible, algunas iglesias en negocios, y los criminales empezaron a recibir mejor trato que sus víctimas.

Para Sentido Común fue un duro golpe que uno ya no pueda defenderse de un ladrón en su propia casa, pero que el ladrón pueda demandarnos por agresión; y que si un policía mata a un ladrón, incluso si éste estaba armado, sea inmediatamente investigado por exceso de defensa, cuando no acusado de gatillo fácil. 

Y así, muchísimos casos más de nuestra vida terrenal. La muerte de Sentido Común fue precedida por la de sus padres, Verdad y Confianza; la de su esposa, Discreción; la de su hija, Responsabilidad, y la de su hijo, Raciocinio.

Le sobreviven sus tres hermanastros: 'Conozco Mis Derechos', 'Otro Tiene la Culpa', y 'Soy Una Víctima de la Sociedad'.

No hubo mucha gente en su funeral porque muy pocos se enteraron de que se había ido. 


jueves, 31 de diciembre de 2015

Última reflexión del año 2015

Una última reflexión en el último día del año.



La viñeta lo dice todo, hay que leer, leer y reflexionar sobre lo que leemos, intentar tener nuestras propias ideas, pero para conseguirlo hay que leer, hay que escuchar, hay que reflexionar sobre lo que se lee, se escucha y se ve. Y preguntarnos si aquello tiene futuro y como sería ese futuro.


Dice Pascal “el pensamiento hace la grandeza del hombre”, lleva razón, es el único ser capaz de pensar, no despreciemos esa capacidad a base de no ejercitarla.

sábado, 26 de diciembre de 2015

La importancia del buen humor

Humor: “Pena y melancolía no la quiero en casa mía.”


En medio del ajetreo, las prisas y el estrés; el humor y la capacidad de reírnos de nosotros mismos constituyen un respiro de aire fresco con el cual afrontar las tribulaciones de la vida diaria y más aún, de darles una chispa de alegría. Santa Teresa tenía esto muy claro y no reparaba en reírse de sí misma ante sus propias limitaciones: “algunas veces me río y conozco mis miserias (V. 30, 11). 

El Papa Juan Pablo I, describía a Santa Teresa como una mujer que “sabe sonreír, reír y hacer reír.” Una sonrisa a tiempo puede transformar la percepción de cualquier situación adversa. Imitemos el ejemplo de esta santa y procuremos llevar y compartir una vida alegre.

 

miércoles, 23 de diciembre de 2015

Virtudes importantes

Humildad: “Humildad es andar en verdad.”

Para vivir en humildad es necesario primero llegar a un conocimiento profundo de uno mismo de cara a la Verdad y reconociéndonos criaturas de Dios. Santa Teresa decía: “Esta es la verdadera verdad: conocer cada uno lo que puede y lo que Dios puede en él” (Rel.28) Solo conociendo nuestras capacidades y limitaciones podemos vernos como realmente somos y, partiendo de esa realidad, entrar en una plena comunión con Dios y con los otros. Para Santa Teresa, la humildad es una virtud activa que no se reduce al apocamiento del espíritu al reconocer las propias limitaciones, sino que, partiendo de este conocimiento, no duda el alma en lanzarse a los brazos de aquél que es todo amor y misericordia. La humildad nos ayuda a vernos como realmente somos, sin caer en la soberbia ni la baja autoestima, haciendo más fácil y agradable la relación con los demás.


martes, 22 de diciembre de 2015

Seguimos preparando la Navidad

Parafraseando al Papa Benedicto XVI: “En nuestros días, la paciencia no es una virtud popular.” Y es que en la era de los megabytes por segundo, la simple idea de tener que esperar por algo resulta para muchos absurda ¿Cuántas veces nos hemos desesperado en medio del tráfico? ¿O porque la señal de internet es lenta? ¿O quizás porque la tan esperada respuesta a aquel mensaje de texto no llega? Ni hablar de aquellas ocasiones en que nos sentimos llenos de frustración y ansiedad porque nuestros planes no se llevan a cabo en la forma y el momento que queremos, o los momentos en que sentimos tristeza por no poder cambiar alguna situación que nos aqueja. Es normal caer en estos estados de ánimo alguna vez, lo que no es normal es permanecer en ellos, algo que cada vez ocurre con más frecuencia. Ante estas situaciones vale tener presente aquellas hermosas palabras de Santa Teresa: 

“Nada te turbe, 
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda,
la paciencia todo lo alcanza
quien a Dios tiene nada le falta
solo Dios basta".


lunes, 21 de diciembre de 2015

Reflexiones

La paz exige cuatro condiciones esenciales: Verdad, justicia, amor y libertad.

Amar es lo contrario de utilizar.

En realidad, todas las cosas, todos los acontecimientos, para quien sabe leerlos con profundidad, encierran un mensaje que, en definitiva, remite a Dios.

El diálogo, basado en sólidas leyes morales, facilita la solución de los conflictos y favorece el respeto de la vida, de toda vida humana. Por ello, el recurso a las armas para dirimir las controversias representa siempre una derrota de la razón y de la humanidad.

La familia es base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida.


sábado, 19 de diciembre de 2015

Y seguimos con el mensaje

La memoria de las virtudes familiares nos ayuda a entender. Nosotros mismos hemos conocido, y todavía conocemos, qué milagros pueden suceder cuando una madre tiene una mirada de atención, servicio y cuidado por los hijos ajenos, además que a los propios. ¡Hasta ayer, bastaba una mamá para todos los niños del patio! Y además sabemos bien qué fuerza adquiere un pueblo cuyos padres están preparados para movilizarse para proteger a sus hijos de todos, porque consideran a los hijos un bien indivisible, que están felices y orgullosos de proteger.
Hoy, muchos contextos sociales ponen obstáculos a la convivialidad familiar. Es verdad, hoy no es fácil. Debemos encontrar la forma de recuperarla. En la mesa se habla. En la mesa se escucha. Nada silencio. Ese silencio que no es silencio de las monjas. Es el silencio del egoísmo. Cada uno a lo suyo, o a la televisión, o al ordenador y no se habla. Nada de silencio. Recuperar esa convivialidad familiar, aun adaptándola a los tiempos.
La convivialidad parece que se ha convertido en una cosa que se compra y se vende, pero así es otra cosa. Y la nutrición no es siempre el símbolo de un justo compartir de los bienes, capaz de alcanzar a quien no tiene ni pan ni afectos. En los países ricos somos impulsados a gastar en una nutrición excesiva, y luego gastamos de nuevo para remediar el exceso. Y este “negocio” insensato desvía nuestra atención del hambre verdadera, del cuerpo y del alma. Cuando no hay convivialidad hay egoísmo. Cada uno piensa en sí mismo. Es tanto así que la publicidad la ha reducido a un deseo de galletas y dulces. Mientras tanto, muchos hermanos y hermanas se quedan fuera de la mesa. ¡Es una vergüenza!
Miremos el misterio del banquete eucarístico. El Señor entrega su Cuerpo y derrama su Sangre por todos. Realmente no existe división que pueda resistir a este Sacrificio de comunión; solo la actitud de falsedad, de complicidad con el mal puede excluir de ello. Cualquier otra distancia no puede resistir al poder indefenso de este pan partido y de este vino derramado, sacramento del único Cuerpo del Señor. La alianza viva y vital de las familias cristianas, que precede, sostiene y abraza en el dinamismo de su hospitalidad las fatigas y las alegrías cotidianas, coopera con la gracia de la eucaristía, que es capaz de crear comunión siempre nueva con la fuerza que incluye y que salva.
La familia cristiana mostrará precisamente así la amplitud de su verdadero horizonte, que es el horizonte de la Iglesia Madre de todos los hombres, de todos los abandonados y los excluidos, en todos los pueblos. Oremos para que esta convivialidad familiar pueda crecer y madurar en el tiempo de gracia del próximo Jubileo de la Misericordia".



viernes, 18 de diciembre de 2015

Del Papa Francisco

Se acerca la Navidad y es una buena ocasión para tener en cuenta las palabras del Papa Francisco. Para no hacer muy larga la entrada la publico en dos días con la esperanza de que nos sirva en estos días de Navidad y siempre.

Queridos hermanos y hermanas, buenos días
Hoy reflexionamos sobre una cualidad característica de la vida familiar que se aprende desde los primeros años de vida: la convivialidad, es decir, la actitud de compartir los bienes de la vida y a estar felices de poder hacerlo. Pero compartir, saber compartir es una virtud preciosa. Su símbolo, su “icono”, es la familia reunida en torno a la mesa doméstica. El compartir la comida --y por tanto, además de la comida también los afectos, las historias, los eventos…-- es una experiencia fundamental. Cuando hay una fiesta, un cumpleaños, un aniversario, nos reunimos en torno a la mesa. El algunas culturas es costumbre hacerlo también para el luto, para estar cerca de quien vive el dolor por la pérdida de un familiar.
La convivialidad es un termómetro seguro para medir la salud de las relaciones: si en familia hay algo que no va bien o alguna herida escondida, en la mesa se entiende todo. Una familia que no come casi nunca junta, o en cuya mesa no se habla si no que se ve la televisión, o el smartphone, es una familia “poco familia”. Cuando los hijos en la mesa están pegados al ordenador, al móvil y no se escuchan entre ellos esto no es familia, es una pensión.
El Cristianismo tiene una especial vocación a la convivialidad, todos lo saben. El Señor Jesús enseñaba con gusto en la mesa, y presentaba algunas veces el reino de Dios como un banquete festivo. Jesús escogió la mesa también para entregar a sus discípulos su testamento espiritual, condensado en el gesto memorial de su Sacrificio: donación de su Cuerpo y de su Sangre como alimento y bebida de salvación, que nutren el amor verdadero y duradero.
En esta perspectiva, podemos decir que la familia es “de casa” a la misa, porque a la eucaristía lleva la propia experiencia de convivencia y la abre a la gracia de una convivialidad universal, del amor de Dios por el mundo. Participando en la eucaristía, la familia es purificada de la tentación de cerrarse en sí misma, fortalecida en el amor y en la fidelidad, y ensancha los confines de su propia fraternidad según el corazón de Cristo.

En nuestro tiempo, marcado por tantos cierres y demasiados muros, la convivialidad, generada por la familia y dilatada en la eucaristía, se convierte en una oportunidad crucial. La eucaristía y la familia que se nutren de ella pueden vencer los cierres y construir puentes de acogida y de caridad. Sí, la eucaristía de una Iglesia de familias, capaces de restituir a la comunidad la levadura activa de la convivialidad y de hospitalidad recíproca, es una escuela de inclusión humana que no teme confrontaciones. No existen pequeños, huérfanos, débiles, indefensos, heridos y desilusionados, desesperados y abandonados, que la convivialidad eucarística de las familias no pueda nutrir, restaurar, proteger y hospedar.

martes, 15 de diciembre de 2015

Para no olvidar a San Juan Pablo II

Sobre la fidelidad y la coherencia


“Pero toda fidelidad debe pasar por la prueba más exigente: la de la duración. Por eso la cuarta dimensión de la fidelidad es la constancia. Es fácil ser coherente por un día o algunos días. Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente en la hora de la exaltación, difícil serlo en la hora de la tribulación. Y sólo puede llamarse fidelidad una coherencia que dura a lo largo de toda la vida. El  fiat de María en la Anunciación encuentra su plenitud en el fiat silencioso que repite al pie de la cruz. Ser fiel es no traicionar en las tinieblas lo que se aceptó en público”.
Es fácil ser coherente por un día o algunos días. Difícil e importante es ser coherente toda la vida. Es fácil ser coherente a la hora de la exaltación, difícil serio a la hora de la tribulación. Y sólo puede llamarse fidelidad a una coherencia que dure toda la vida.

Ser fieles a Cristo es amarlo con toda el alma y con todo el corazón de forma que ese amor sea la norma y el motor de todas nuestras acciones.

La fidelidad de Cristo alcanza en la Cruz su máxima y culminante expresión. De ahí que sea imprescindible la renuncia y la mortificación. Sin una ascética exigente y sin una disponibilidad para servirle profundamente enraizada en vuestro corazón, sin el hábito del olvido de sí, sería imposible amar de veras y ocuparse sólo de los intereses de Cristo.

Permitidme que os abra mi corazón para deciros que la principal preocupación ha de ser la fidelidad, la lealtad a la propia vocación, como discípulo que quiere seguir al Señor con una entrega total y con una disponibilidad apostólica sin condicionamientos ni fronteras. Sólo a la luz de esta entrega se pueden afrontar los demás problemas.



domingo, 13 de diciembre de 2015

Conocer a Blaise Pascal

Blaise Pascal nace en 1623 y muere en 1662. Era un gran pensador y un importante científico. Con 20 años inventó la primera calculadora que es el precedente más antiguo del ordenador. Escribió un tratado sobre la presión atmosférica y otros tratados matemáticos y de Geometría. Lo llamativo es que lo hizo en 39 años de vida.

Empezó a escribir una Apología por la verdad de la religión cristiana que no llegó a acabarla pero nos dejó unos pensamientos muy interesantes que nos pueden ayudar a la razón de ser de este blog: pensar y hacer pensar.

Pensamientos

El último paso de la razón es reconocer que hay un número infinito de cosas que la superan; la razón es muy débil si no llega a conocer eso. Y si las cosas naturales la superan, ¿Qué no serán las sobrenaturales?

Hay que saber dudar donde es preciso dudar; aseverar donde es preciso aseverar; someterse donde es necesario. Quien no actúa así, no atiende a la fuerza de la razón. Quienes pecan contra estos principios, o bien lo aseveran todo como si fuera demostrativo, al no entender de demostraciones; o bien dudan de todo, por no saber donde hay que someterse; o bien se someten a todo, porque ignoran donde hay que juzgar