Opiniones personales. Opiniones ajenas. Mafalda. Otros

viernes, 4 de diciembre de 2015

Cultura pura y dura

No se puede evitar hablar de izquierdas y derechas porque este invento de la izquierda ha sido la prisión de la cultura política moderna. Es grotesco que el pensamiento político siga dependiendo de cómo se sentaban las facciones en el parlamento francés.

La parte mala de la modernidad se habrá superado el día en que, en lugar de preguntarse si es progresista o conservador, se pregunten si es verdadero o falso.

La necesidad de optar entre derechas e izquierdas es una de las grandes trampas de la cultura moderna, cuando la esencia de la vida política consiste en convivir. El esquema solo puede gustar a los revanchistas.

Ser de izquierdas ya solo significa una vaga vocación social con un legado impresentable.

La derecha es invento de la propaganda de izquierda. Han metido allí a todos sus enemigos: la Iglesia, los liberales, el capital, los socialismos de Hitler y Mussolini, y hasta los comunistas ortodoxos de la nueva Rusia.


jueves, 3 de diciembre de 2015

Otra historia interesante

Daniele Maria Piras es un joven franciscano en formación. Tiene 32 años y es originario de Carbonia, en Cerdeña, una de las islas más grandes del Mar Mediterráneo, perteneciente a Italia. Pero antes de sentir su llamado de Dios e ingresar a la Orden de los Frailes Menores, su vida estuvo marcada por el dolor, un profundo sufrimiento y el sinsentido.

Problemas familiares, droga, bebida...
“Desde que era pequeño mi familia, sobre todo por problemas económicos, vivía grandes dificultades relacionales, especialmente entre mi madre y mi padre. Al terminar la escuela media comienzo a trabajar con mi padre en su empresa de construcción; en esos años, para huir de la fatiga familiar, comienzo a frecuentar ‘malas compañías’. Para mantener el paso con ellos, comencé a beber, hacer uso de las drogas ligeras, luego más pesadas, también para anestesiar el dolor que llevaba en el corazón”, narra Daniele en entrevista con la ‘Rivista Porziuncola’ de los franciscanos.

Con 16 años ya es tóxicodependiente
Su abuso de las drogas fue tal que con tan sólo 16 años se convierte en un tóxicodependiente. “Por siete años no pude salir de esa esclavitud: sabía que era malo, pero ya estaba dentro de un círculo vicioso, no pude evitarlo; era muy débil, y cuando quise salir me di cuenta que era muy tarde y mi voluntad estaba muy débil. Fui donde los psicólogos, traté de tomar medicamentos para la abstinencia, pero los resultados fueron escasos”, comenta el joven.

Sus padres no lo sabían
En un principio Daniele escondió su situación a su familia, pero al empeorar sus padres se dan cuenta de lo que estaba viviendo. “Mi madre me animó, estuvo cerca de mí y me amó como era”.

Una familia fracturada
Fue justamente por medio de la madre que la paz regresó al hogar de Daniele: “Ella, de joven, luego de recibir los sacramentos, se alejó de la Iglesia, pero tras varios años se acercó de nuevo, precisamente por causa de la dolorosa relación que estaba viviendo con mi padres. Esta relación era su cruz: aquella cruz tenía un nombre, mi padre Carlo, quien se encontraba en una situación muy difícil después de haber perdido su trabajo”.

Su madre encuentra consolación en un grupo de oración
El joven franciscano cuenta que su madre encontró consolación en un grupo de amigas que rezaban el Rosario: “María la reconduce al Hijo suyo: en la oración, en la Palabra en los sacramentos. Allí encuentra la fuerza para estar en esa situación de dolor, y decide estar al lado de mi padre y amarlo así como era (…) Esto permite a Aquel que ha vencido a la muerte llevar su salvación a nuestra familia y hacer nuevas todas las cosas”.

Un testimonio de fe de la madre que muy pronto sirvió de ejemplo para la hermana de Daniele, Chiara Redenta, quien sintió el llamado de Jesús e ingresó a las Clarisas en el año 2005. “En ese momento mi experiencia de muerte, así como el testimonio de mi madre y mi hermana, me llevó a pedir ayuda y comencé a invocar el nombre del Señor Jesús”, agrega el joven.

Una predicación de un franciscano le conmovió
Pero su conversión llegó en noviembre del año 2006 cuando su madre lo invitó a participar en un congreso durante la Solemnidad de Cristo rey del Universo. “La Palabra que guiaba el Congreso era un verso del salmo 107, 14: ‘Los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones’. Me tocó la catequesis de un padre franciscano, parecía como si yo le hubiese contado mi historia (…) explicaba cómo el mal, a través de lo atractivo del mundo, que presenta una felicidad aparente, busca destruir nuestro cuerpo que es el templo del Espíritu Santo, morada de Dios, lugar donde podemos hacer experiencia de Él”.

"Toqué a Jesús"
El joven decide hablar con el sacerdote franciscano, le cuenta que es un adicto y le pide que ore por él. “El fraile me invitó que le pidiera a Jesús que interviniera, me bendice y regreso a mi puesto. Luego un sacerdote pasó con Jesús Eucaristía en medio de 600 personas (…) Jesús pasó a mi lado, luego regresó al altar y yo sentí dentro de mí el deseo de ir y tocarlo (…) Lo toqué y regresé a mi puesto”.

Menos de dos años después de esta experiencia, el 29 de septiembre de 2008, y tras vivir dos convivencias con los Franciscanos en Asís, el joven Daniele entra al postulantado de los Frailes Menores.

Un sufrimiento pedagógico
“El sufrimiento en nuestra familia se ha revelado pedagógico: acogido en la fe, ha preparado nuestros corazones para acoger el Misterio (…) Solo Él dice: ‘he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”, comparte el joven franciscano.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Aforismos

El socialismo ideológico fue pensado para sociedades ideales y ha resultado nefasto para las reales.

Desde que Marx dijo que no se trataba de pensar la realidad sino de cambiarla, el pensamiento más auténtico de la izquierda se dedicó a la manipulación.

Lo que hemos tenido que tragar los que no hemos sido comunistas solo es comparable con lo que han tragado los que lo han sido.

Lo más entrañable del marxismo es cómo se preocupaba por los más desfavorecidos. Y lo más triste, qué desfavorecidos los dejó.

No querían creer en Dios, pero quisieron creer en Marx, en Stalin, en Mao, en Ho-Chi-Min, en Pot-Pot, en Castro, en el Ché…, Y tanta rebaja pasó tanta factura.


Juan Luis Lorda. Aforismos. Ed. Rialp.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Otra historia apasionante

Es un caso único en el mundo. Es el primer clérigo musulmán que abraza públicamente el cristianismo, lo que le supone una condena de muerte. Mario Joseph lo sabe bien. Fue imán y tiene memorizado el Corán desde los ocho años. Hasta en 17 ocasiones deja claro el libro sagrado para los musulmanes lo que se debe hacer con  "los infieles": "¡Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Alá ni en el último Día, ni prohíben lo que Alá y Su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente!".

Condenado a muerte
Y a pesar de todo, Mario Joseph (Sulomone, antes de su bautismo), criado en una familia de Kerala (India), muy devota del islam, decidió dar el paso y dejar atrás una prometedora carrera como clérigo musulmán, abrazar el cristianismo y, con ello, vivir toda su existencia con la amenaza de muerte.

Interrogantes no respondidos
Mario Joseph tenía entonces 18 años y se había recluído en el Centro Divine Retreat, el mayor complejo católico de retiros del mundo, con capacidad para dar tandas de ejercicios para cinco mil personas a la vez. Joseph quería encontrar respuestas tras estudiar intensamente el islam durante ocho años en una escuela coránica. Las contradicciones que encontró en el libro sagrado de los seguidores de Mahoma le interpelaban, y le impedían tener un mínimo de paz interior. Además, sus maestros de la Madrasa tampoco le daban razones convincentes. Y, sin embargo, la fascinación que tenía por la figura de Jesucristo  -de la que tanto habla en Corán-, crecía cada día que pasaba.  Su inquietud le empujó a visitar el Centro Divine Retreat. Y, allí encontró, tras unas semanas de estudio y oración, las respuestas que tanto mortificaban su alma desde hacía años.

Secuestro y sentencia de muerte
Tras vivir unos meses escondido en el centro de espiritualidad católico, su padre, dos hermanos y dos tíos encontraron su paradero y fueron a buscarle. Sin mediar palabra, y tras los bofetones y puñetazos de rigor, lo redujeron sin contemplaciones y lo llevaron secuestrado a la casa familiar. "En ese momento sentí que era como un cordero para el sacrificio", comenta Mario para describir ese momento. En el viaje de vuelta a casa, y sabiendo que estaba sentenciado a la muerte, Mario no paraba de rezar: "Oh, Jesús, si realmente eres mi Papá, entonces, por favor, líbrame de mi gente".

Llegaron a casa pero no se cumplió la amenaza. A Mario le dieron de comer y su padre se disculpó por la rudeza del rapto: "Sulomone, en ese momento de ira te abofeteé. Por favor, perdóname. ¿Qué te falta en casa? Lo que has querido te lo hemos dado. Entonces, ¿por qué has escogido deshonrarnos dándole la mano a los cristianos? Si sientes que no te hemos dado algo, dinos qué, querido hijo y te lo daremos".

¿Cristiano oculto en medio de musulmanes?
Mario, le pidió a su padre vivir en su casa como cristiano. "Por qué no, Sulomone -le dijo el padre- nunca me he opuesto a tus intereses. Hijo, si crees en Jesús, y te gustaría adorarle, por favor, hazlo. No puedo oponerme a ninguno de tus pensamientos y creencias, pero no abandones la religión del islám". "Solo te pido que cumplas con todos los rituales y costumbres islámicas y asume que estás adorando a Jesús en vez de Alá. Permanece entre los musulmanes como cualquier otro musulmán, pero cree en Jesús".

Mario estaba feliz. Las turbulencias y los miedos de las horas previas habían pasado. Podría vivir en su casa y con su familia siendo un "cristiano oculto" para sus vecinos. Pero seguía inquieto y algunos pasajes del Evangelio golpeaban su mente: "Os aseguro que a aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios. Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios" (Lucas 12,8).

¿Proclamar en público a Jesús en tierra del islám?
Mario le dijo en silencio a Jesús: "Quiero proclamar tu Palabra en público, pero mi padre sólo me ha dado permiso para creer en ti. Si fuera a proclamarte públicamente mi padre me castigaría e incluso me mataría". Y Jesús, le respondió: "No sólo creáis en mí, También os he dado el carisma de sufrir por mí". Mario recibió en ese momento un don, un carisma especial que hasta ahora no tenía: sufrir por Cristo... y no pudo callar: "Padre, quiero a Jesús más que a ti, por lo tanto aceptaré a Jesús y le proclamaré públicamente". Y en ese momento, padre y hermanos propinaron una buena ración de puñetazos al neoconverso hasta dejarlo noqueado. Lo ataron de pies y manos, y tras arrojarle polvo de chile a la cara, lo encerraron sin comer ni beber durante varios días.

"Si deseas ser cristiano tengo que matarte"
Ya debilitado, y casi sin fuerzas para hablar o moverse, su padre le desató, afeitó su cabeza, y lo bañó. Entonces, el padre, acercándose a la cara de su hijo le dijo: "Sulomone, si todavía deseas ser un cristiano no tengo otra opción que matarte", y mostró un cuchillo largo que empuñaba su mano derecha. Mario gritó con toda la fuerza que le permitían sus debilitados pulmones: ¡¡¡Jesús!!! y en ese momento su padre cayó al suelo y en su caída se cortó accidentalmente con el cuchillo y comenzó a sangrar y a echar espuma por la boca. Con el barullo de los gritos y la sangre, los hermanos centraron su atención en el padre, y Mario pudo escapar al Centro Divine Retreat.
Un funeral por Sulomone
Pocas semanas después, la familia de Mario, condenada por la comunidad musulmana al ostracismo y a la vergüenza pública por tener entre sus miembros a un "infiel", tuvo que ingeniárselas para restablecer su buen nombre. Siguiendo los consejos de los sabios de la comunidad, decidieron dar por muerto a "Sulomone, el imán", y celebrar así un funeral público. El 16 de marzo de 1996, a la edad de 18 años, Sulomone era "enterrado" en las colinas de Wayanad (Kerala) tras el oficio de una ceremonia religiosa. En el ataud descansa una figura de barro hecha a tamaño real de su cuerpo. Tras el "entierro", la familia de Mario dejó de llorar la pérdida de su hijo ,y se restablecieron las posibles alianzas con otros miembros de la comunidad musulmana.

Un millón de ejemplares vendidos
Mario no puede volver a su casa ni a los alrededores de su pueblo. Permanentemente recibe amenazas de muerte que se han ido intensificando tras escribir 
Encontré a Cristo en el Corán (LibrosLibres), ("In search of you" su título original), del que lleva vendidos más de un millón de ejemplares: 500.000 en su edición inglesa para la India.

¿Dinero por la conversión?
Su libro
Encontré a Cristo en el Corán (LibrosLibres) ha causado tal impacto en la comunidad musulmana en la India que ha llevado a miles de seguidores de Mahoma a abrazar el cristianismo, aunque la mayoría lo hagan de forma clandestina.

La osadía de Mario de pasar de imán a predicador católico no le ha salido gratis. Uno de los diarios de mayor difusión de la India llegó a publicar que Mario Joseph había recibido la suma de dos millones y medio de rupias del Centro Divine Retreat para "dar testimonio de Jesús". Para a continuación afirmar: "Debería ser asesinado por vender la religión musulmana por dinero".

En estado de alerta
No es de extrañar que Mario Joseph, que sabe que han puesto precio a su cabeza, no se sienta seguro cuando abandona su hogar, el Centro Divine Retreat, en el que lleva 17 años viviendo con su mujer y sus dos hijas, y en donde se dedica a predicar y a dar clases de filosofía.


domingo, 22 de noviembre de 2015

Artículo sensacional

Si meditáramos con frecuencia en la omnipotencia divina reflejada en la creación del mundo y en todas las intervenciones de Dios a lo largo de la Historia Santa, quedaríamos admirados de las maravillas obradas por Dios con el antiguo Israel y con nosotros, el nuevo Israel, testigo de su encarnación, de su predicación y milagros, de su pasión, muerte, resurrección y envío del Espíritu Santo, que ha sido derramado en nuestros corazones.

Dentro de todas las maravillas obradas por Dios en la vida de la Iglesia y en nuestra propia vida, no es menor la misericordia que Él derrocha con nosotros cuando pecamos y perdona nuestras faltas si arrepentidos las confesamos humildemente en el hermosísimo sacramento de la penitencia, con la conciencia de que Dios nos perdona plenamente y hasta el fondo. Cuando entre nosotros nos perdonamos, queda siempre un poso de resentimiento. Dios nuestro Señor, sin embargo, nos perdona del todo, sin llevar cuentas del mal, si humildemente confesamos nuestros pecados a la Iglesia, después de un sincero examen de conciencia, con dolor de corazón y propósito de la enmienda.

Para nadie es un secreto que desde hace años el sacramento de la penitencia está atravesando una profunda crisis. En ella, a los sacerdotes nos cabe una gran responsabilidad, pues muchos de nosotros hemos abdicado de una obligación principalísima, estar disponibles para oír confesiones, dando a conocer a los fieles horarios generosos en los que estamos disponibles para servirles el perdón de Dios. En ocasiones hemos recurrido abusivamente a las celebraciones comunitarias de la penitencia, con absolución general y sin manifestación expresa e individual de los pecados, que son inválidas y un desprecio palmario de las normas de la Iglesia, recordadas reiteradamente por los Papas en los últimos años.

Otra de las causas de la crisis de este bellísimo sacramente es la pérdida del sentido del pecado, denunciada ya en el año 1943 por el papa Pío XII en la Encíclica Mystici Corporis. Hoy no es difícil encontrar personas que dicen que no se confiesan porque no tienen pecados. Tal vez por ello son infinitamente más los que comulgan que los que confiesan. Sin embargo, no hay verdad más clara en la Palabra de Dios que ésta: Todos somos pecadores. En el Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, sólo la Santísima Virgen está liberada de entonar cada día el «Yo confieso». Todos los demás somos pecadores. La Iglesia es una triste comunidad de pecadores, pues como nos dice el apóstol Santiago, «en muchas cosas erramos todos» (Sant 3,2). San Juan por su parte nos dice que «si decimos que no hemos pecado nos engañamos a nosotros mismos y no somos sinceros» (1 Jn 1,8).

Una tercera causa de la depreciación del sacramento del perdón en nuestros días es la exaltación del individuo que impide reconocer la necesidad de la mediación institucional de la Iglesia en el perdón de los pecados. Por ello, muchos cristianos dicen que no necesitan del sacramento y del sacerdote, porque se confiesan directamente con Dios. Esta postura, de claro matiz protestante, ignora la voluntad expresa de Jesús resucitado, que en la misma tarde de Pascua instituye este sacramento como remedio precioso para la remisión de los pecados (cf. Jn 20, 23) y para el crecimiento en el amor a Dios y a los hermanos.

No quiero terminar sin recordar a sacerdotes y fieles algunas pautas prácticas para recibir este sacramento, de acuerdo con el Magisterio de la Iglesia expresado en el Catecismo de la Iglesia Católica. La primera es que sigue vigente el segundo mandamiento de la Iglesia: Confesar al menos una vez al año, y en peligro de muerte o si se ha de comulgar. Es evidente que si el sacramento de la penitencia es manantial de fidelidad, de crecimiento espiritual y de santidad, es sumamente recomendable la práctica de la confesión frecuente.

Hay que recordar también que no se puede comulgar si no se está en estado de gracia o se han cometido pecados graves. Conviene además que lo sacerdotes encarezcan tanto la dimensión personal del pecado, algo que nos envilece y degrada, que es una ofensa a Dios y un desprecio de su amor de Padre, y la dimensión eclesial del pecado, que merma el caudal de caridad que existe en el Cuerpo Místico de Jesucristo.

Quiero recordar también que los fieles pueden y deben solicitar a sus sacerdotes que dediquen tiempo al confesonario y que fijen en cada parroquia los horarios de atención sacramental para que los fieles puedan recibir el sacramento de la reconciliación, al que tienen derecho por estricta justicia.

En las vísperas de la inauguración del Jubileo de la Misericordia, termino asegurando que después del bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la penitencia es el más hermoso de todos los sacramentos, puesto que es fuente progreso y crecimiento espiritual, sacramento de la misericordia, la paz, la alegría y el reencuentro con Dios.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.
+ Juan José Asenjo Pelegrina, arzobispo de Sevilla



viernes, 20 de noviembre de 2015

Todo puede tener trascendencia

Hace  años, en los turnos de la noche, yo manejaba un taxi, que se convirtió en un confesionario móvil. Los pasajeros me contaban acerca de sus vidas. Escuché  a varias personas que me asombraban, me ennoblecían, me hacían reír y muchas otras me deprimían. Pero nadie me conmovió tanto como la mujer que recogí en una fría noche de agosto.
Un día respondí a la llamada de una vivienda en un modesto sector de la ciudad. Cuando llegué a las 2:30 de la madrugada, el lugar estaba oscuro excepto por una tenue  luz en  el primer piso. Bajo esas circunstancias, muchos conductores   esperan un minuto y  se marchan. Aunque la situación se veía peligrosa, yo  caminé hasta la puerta y toqué.  “Un minuto", respondió una frágil voz.
Ella repetía su agradecimiento por mi gentileza.  No es nada, le dije,  yo sólo  trato a las personas como quiero que traten a mi madre.
Ya en el  taxi me dio un papel escrito con una dirección,  entonces pregunto: ¿Podría manejar a través del centro?  Ese no es el camino mas corto, le respondí rápidamente.
 Oh, no importa, dijo ella, estoy camino del asilo y quisiera ver mi pueblo por ultima vez.  La miré por el espejo retrovisor, sus ojos estaban llorosos. No tengo familia, no tengo a nadie, ella continuó, yo se que ya no me queda mucho tiempo por vivir…
Tranquilamente apagué el taxímetro. Las siguientes dos horas manejé a través de la ciudad. Ella me mostró el edificio donde había trabajado como operadora de elevadores. Manejé por el vecindario donde ella y su esposo vivieron cuando estaban recién casados.
Me pidió que nos detuviéramos frente a un almacén de muebles donde una vez hubo un salón de baile en que ella aprendió a bailar cuando era niña.
Algunas veces me pedía que pasara despacio por frente a un edificio en particular, una esquina, un teatro, o por el parque, y miraba hacia la oscuridad sin decir nada.
Cuando apareció el primer rayo de sol en el horizonte, dijo:
 Estoy cansada, ya quiero llegar a descansar.
Manejé en silencio hasta la dirección que me había dado.
Dos asistentes que estaban esperándola  vinieron al taxi tan pronto llegamos. Eran muy amables. Abrí la cajuela y lleve su equipaje  hasta la puerta. La mujer   se sentó en una silla de ruedas.
- ¿Cuánto le debo?, Preguntó, buscando en su bolsa. Nada, le dije.
De regreso a casa yo reflexionaba: ¿Qué habría pasado si a la mujer la hubiese recogido un conductor malhumorado o alguno que estuviera impaciente por terminar su turno?, ¿Qué habría pasado si me hubiera rehusado a tomar la llamada, o hubiera esperado un minuto y me hubiera marchado?
Yo no creo que haya hecho algo más importante en mi vida.
A veces pensamos que nuestras vidas están llenas de grandes momentos, pero los mas grandes momentos son los que nos atrapan desprevenidos. Alguien tal vez no recuerde lo que hiciste o lo que dijiste... pero siempre recordarán cómo los hiciste sentir...



miércoles, 18 de noviembre de 2015

Otra historia interesante

Era policía en el Vietnam comunista, pero su ansia de justicia la llevó al bautismo... y a prisión
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos". En estas palabras de Jesucristo se inscribe la trayectoria de Maria Ta Phong Tan, católica conversa que ha llegado a Estados Unidos tras pasar 3 años en la cárcel en Vietnam. "En la prisión comunista me las arreglé para mantener viva mi fe. Oré y Dios me ha dado muchas bendiciones. En la prisión me trataron en forma tan cruel, pero nunca lloré delante de ellos", declaró ante la prensa californiana con un rosario al cuello.

Esas fueron las primeras palabras de la disidente y bloguera Maria Ta Phong Tan, vietnamita y católica conversa, al llegar a Estados Unidos tras haber pasado 3 años encarcelada por el régimen comunista de su país. Lo peor en este periodo fue enterarse que su madre, que no era cristiana, se suicidó prendiéndose fuego para llamar la atención sobre el caso de su hija y reivindicar su libertad. "Se me rompió el corazón por el dolor y la tristeza, cuando me enteré de que mi madre se había sacrificado por mi condena", declaró la disidente desde Los Ángeles, donde llegó el 20 de septiembre.
De Policía y miembro del partido a disidente católica
De 47 años de edad, Tan ha cumplido en prisión tres de los 10 años a los que fue condenada por "propaganda contra el Estado" (artículo 88 del Código Penal), en referencia a su blog sobre libertades y derechos humanos llamado Cong Ly v Su That (Justicia y Verdad).

Ella, que había sido miembro del Partido Comunista y oficial de policía muchos años, denunciaba especialmente los abusos contra los derechos humanos y la corrupción entre los funcionarios de la Policía y el sistema de justicia". Ta Phong Tan empezó a publicar denuncias en un blog de Internet siendo aún oficial de policía y miembro del Partido Comunista. En 2004 se consideró ya una periodista freelance centrada en la denuncia de injusticias.

En 2006 creó un blog especializado, Cong Ly va Su That ("Justicia y Verdad") que se hizo famoso, sobre todo, porque difundía lo que pasaba dentro de las comisarías y en los pasillos de la Policía: abusos, corrupción y malos tratos, rompiendo la opacidad del régimen. También criticaba la política del Partido Comunista.

Ese mismo año, Tan fue expulsada del Partido y del cuerpo policial.
En esta época de compromiso con la justicia y la verdad conoció a un abogado y activista de derechos humanos que era católico y que la inspiró. Con el tiempo, explorando la fe, decidió que quería ser bautizada y seguir a Jesucristo. Tomó el nombre cristiano de María. Como otros disidentes católicos, encontró apoyo y fortaleza en los padres redentoristas de la antigua Saigón.

Detenida, juzgada y encarcelada
Cinco años después de su expulsión de la Policía y del Partido, en septiembre de 2011, llegó su detención, junto a la de Nguyen Van Hai (también conocido como Dieu Cay), fundador de la Asociación de Periodistas Independientes de Vietnam (Ijavn), a la que ella se había afiliado. Era acusada de escribir propaganda antiestatal y en un primer momento se pedía para ella 20 años de cárcel. Al final fue sentenciada. Diversas entidades internacionales protestaron por el juicio contra ella y otros blogueros y periodistas y su caso adquirió más notoriedad con el suicidio de su madre que se prendió fuego y murió junto a un edificio gubernamental. Su familia denunció que María sufría amenazas y acoso psicológico por parte de otros presos y compañeros de celda. Ella dice ahora que fue su fe cristiana lo que la ayudó.

Su liberación después de tres años de cárcel parece ser el resultado de la presión diplomática ejercida por Washington contra Hanoi. Dieu Cay fui liberado un año antes y también se refugió en EEUU. Ella señala que no es una liberación real, sino más bien una "suspensión temporal" de la sentencia, que el 19 de septiembre permitió a la mujer salir de la prisión de Thanh Hoa (en el norte).
Seguirá luchando por los derechos humanos
"No se trata de una expulsión", matiza la activista católica. Ella promete "seguir luchando por la democracia y los derechos humanos" en el país. En estos primeros días como una mujer libre, ha dado gracias a quienes han trabajado por su liberación: la Embajada de Estados Unidos en Hanoi, el Consulado en Ciudad Ho Chi Minh, todas las ONG, Reporteros sin Fronteras, (RSF) y los Padres Redentoristas."Todas estas personas me han sido de gran ayuda mientras estaba en la cárcel comunista", afirma.

"Voy a seguir luchando por la justicia, la verdad y la democracia en Vietnam", promete la blogger católica, esperando que el gobierno de Hanoi "ayudará a que la gente tenga libertad de pensamiento, democracia real" porque "hace demasiado tiempo que viven en el miedo", recuerda, refiriéndose a los 70 años de dictadura comunista. "Si el régimen comunista no hace los cambios marcados por una verdadera democracia, un día el pueblo se rebelará para derrocar al régimen".

Endurecimiento del régimen vietnamita
Desde hace tiempo en Vietnam hay una dura campaña contra los disidentes del gobierno, los bloggers, los líderes religiosos (incluyendo budistas), activistas católicos y comunidades enteras, como ocurrió en 2013 en la diócesis de Vinh, en donde los medios de comunicación y el gobierno han promovido una campaña difamatoria y ataques dirigidos contra obispos y fieles. La represión también afecta a las personas, culpables de reclamar el derecho a la libertad religiosa y el respeto de los derechos civiles de los ciudadanos.

Los activistas y grupos pro derechos humanos informan que, en la actualidad, hay entre 150 y 200 bloggers y activistas detenidos en las cárceles vietnamitas, con la única culpa de haber querido ejercer (y defender) los derechos humanos básicos.


domingo, 15 de noviembre de 2015

Noticias y comentarios

“Una gravísima enfermedad social.

Pacto de Estado ante la violencia machista, reforma educativa, vigilancia policial extrema… Un cúmulo de medidas que hasta ahora han fracasado en la lucha contra este tipo de violencia… El fracaso de toda una sociedad”.

Hasta aquí la noticia recogida por la prensa; me pregunto si no será que vamos por la dirección equivocada. La reforma educativa si es buena –que dudo mucho que lo sea- daría sus frutos en años futuros, pero desde luego ni los pactos ni la vigilancia sirven para mucho.

¿Qué sirve entonces?, nos podemos preguntar y yo sugeriría: una verdadera educación en virtudes, valores se le llama ahora. Y esa educación no sólo para los niños. Todos los medios de comunicación tendrían que empeñarse en transmitir esos valores, pero ¿Qué se transmite realmente?, se enciende la TV y violencia, se va al cine y sexo y violencia; vas por la calle y notas los ánimos crispados, por menos de nada surgen las discusiones muchas de ellas con violencia. Una vez más acudo a los filósofos.

“No hay espíritu por necio y grosero que sea, incapaz de adquirir las más altas virtudes si se le conduce como es menester”. Descartes

“La virtud de un hombre no debe medirse por sus esfuerzos, sino por sus obras cotidianas”. Pascal


“No podemos ver la virtud sin amarla, ni amarla sin ser felices”. Fenelón