27 mayo 2013. es.globedia.com (*)
El actor empezó a meditar en su posible conversión
siendo ya octogenario, cuando le sobrevino un problema en los ojos que le
obligaba a pasar mucho tiempo a oscuras. Dedicando a la reflexión las horas que
antes dedicaba a otras ocupaciones, se dio cuenta de que Dios había ido preparando
su corazón desde hacía tiempo
Esta
semana celebramos el 110 aniversario de Bob Hope, nacido en Eltham
(Reino Unido) el 29 de mayo de 1903 con el nombre de Leslie Townes Hope. En
1908 emigró con su familia a Cleveland, por eso él se consideró siempre
estadounidense.Cultivó todos los géneros del espectáculo, en
particular el teatro en Broadway, aunque la fama le vendría por el cine y la
televisión; y en Norteamérica se le recuerda también por sus giras para
entretener a los soldados durante la II Guerra Mundial. Para muchos críticos, es
el mayor showman norteamericano del siglo XX.
Se
casó con Dolores Reade en 1934. Con ella vivió 69 años, que fueron por
lo general felices, a pesar de las frecuentes infidelidades de Hope, que él
reconocería tiempo después. En medio de esas tormentas, ella sostuvo durante
decenios la esperanza de verle convertido al catolicismo.«Dolores era
una gran cristiana. Soportó la debilidad de Bob con fe, oración y paciencia»,
afirmó el religioso franciscano Benedict Groeschel, amigo del
matrimonio, a quien Hope trató siempre con gran respeto. El padre Groeschel
cuenta una anécdota que el mismo Hope solía referir con nostalgia. En cierta
ocasión fue invitado a un gran evento católico, y el cura que le presentó,
antes de darle la palabra, quiso relajar el ambiente y contó hasta ocho
chistes. Cuando por fin Hope tomó el micrófono, miró a los asistentes y, muy
serio, dijo: «Y ahora, recemos» .
Dolores,
como Santa Mónica por San Agustín, rezó toda su vida por su marido, y pedía
a sus amigos que hiciesen lo mismo. «Básicamente, el agente catalizador
de su conversión fue su esposa», asegura el cardenal Theodore McCarrick, ex
arzobispo de Washington, quien también trató a la pareja y conoció su gran generosidad:
ambos hicieron muchas obras benéficas e incluso adoptaron cuatro hijos.
A
Bob le entusiasmaba el catolicismo. Durante el conflicto mundial acompañó
varias veces al cardenal Francis Spellman, arzobispo de Nueva York, en sus
viajes de apoyo a las tropas, y quedó asombrado del cariño con que le
recibían los soldados católicos.
La
conversión, 57 años después
Con
todo, ni la oración de su mujer ni la simpatía de Bob por los católicos dieron
fruto en el corto plazo. El actor empezó a meditar en su posible conversión siendo
ya octogenario, cuando le sobrevino un problema en los ojos que le obligaba
a pasar mucho tiempo a oscuras. Dedicando a la reflexión las horas que antes
dedicaba a otras ocupaciones, se dio cuenta de que Dios había ido preparando
su corazón desde hacía tiempo. El toque definitivo fue un detalle menudo,
pero muy significativo para él. Cuando en 1991 se inauguró la Biblioteca
Presidencial Ronald Reagan, comprobó que no figuraba en la lista de invitados.
Llamó a la Casa Blanca muy airado: «¡Pero si soy Bob Hope!», gritó; pero
no le valió de nada. Aquella omisión −señaló más tarde Bob Hope− «me hizo
caer en la cuenta de lo poco que perdura la gloria humana. No es
aquí abajo donde debemos poner nuestras esperanzas».
A
partir de entonces sus conversaciones con el cardenal McCarrick se hicieron más
frecuentes. Y, finalmente, a los dos años se convirtió. Lo hizo en la iglesia
de San Carlos Borromeo, en el norte de Hollywood. Recibió el bautismo de manos
del padre Thomas Kiefer, en una ceremonia íntima que apenas trascendió a la
esfera pública. Después de casi seis décadas, Dolores vio alcanzado su sueño
de que él abrazara su misma fe. Los últimos diez años –recordó ella− fueron
especialmente felices. Bob Hope murió el 27 de julio 2003, a las pocas semanas
de cumplir 100 años. Su mujer le siguió en 2011, también centenaria, con
102 años. Allá en el cielo, de nuevo juntos, seguro que Bob le canta esa
canción que es como su seña de identidad: Thanks for
the memory, que en esta escena entona un matrimonio (la actriz
es Shirley Ross) recordando los bellos momentos que han vividos juntos. La
memoria de esos momentos perdurará en el cielo para siempre.
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