Opiniones personales. Opiniones ajenas. Mafalda. Otros

sábado, 11 de marzo de 2017

Pensar es gratis...

Hay un instituto cercano a mi casa, en la fachada hay un folio pegado con la siguiente frase: “Pensar es gratis, no hacerlo sale muy caro”. Siempre que lo leo pienso, ¡que verdad es!.

Cuando no pensamos somos “carne de cañón” para creernos todo lo que nos dicen, sobre todo para creernos que vamos a tener una vida placentera y sin esfuerzo, y después vienen las decepciones, depresiones, malos humores, violencia y un largo etc.

Pongo un ejemplo, las feministas nos quieren hacer creer que nos defienden a las mujeres; pues bien, si así fuera saldrían en tromba contra todas las casas comerciales y todas las agencias de publicidad que utilizan como reclamo el cuerpo de la mujer, ¿y salen?... no señor ahí están calladitas, ¿por qué? Porque las mujer les importa un rábano, sus intereses son otros que no van precisamente por la defensa de la dignidad de la mujer, más bien lo contrario.


Animo a todos a pensar, es de las pocas cosas que son gratis. Muchas gracias por leerme.

viernes, 10 de marzo de 2017

Otra verdad


Y hay que reconocer que hay demasiada gente poniendo excusas para encubrir su falta de coraje.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Receso


- No me cuadra.
- Pues redondea.
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- ¿Has entrado alguna vez en un laberinto?
- No.
- Pues no sabes lo que te pierdes.
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-Los que ponéis "haber" en vez de "a ver" deberíais hirviendo como solucionar ese problema.
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- Hola ¿Tienes novio?
-No.
- ¿y eso?
-Sí y bachillerato.
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- Te voy a dar una patada en el hueso de la pierna.
- Se dice tibia

- Tibia dar una patada en el hueso de la pierna

domingo, 5 de marzo de 2017

¡Ojo, nos están cerrando el portón!!

Hace ya unos meses, anduve de vacaciones por la provincia de Zamora, y fui invitado a visitar una finca propiedad de un paisano donde elaboraban unos jamones caseros muy afamados por toda la zona.

Al pasar por una de las pocilgas, me llamó la atención la magnífica y extraña raza de una   hembra que amamantaba a una camada de lechones.

Por curiosidad, le pregunté al hijo del patrón que me estaba atendiendo, de qué raza eran esos cerdos. - Son de raza “española”… Pero espere que llamo a mi padre, que él le cuenta cómo se consigue esta raza.

Por la puerta de la cocina emergió D. Nicolás, un gigante de cabellos blancos que se desplazaba dificultosamente asistido por un bastón de 3 patas y me invitó a sentarme a la mesa del porche donde reposaba un enorme botellón de aguardiente de no menos de 60 º.

-¿Ud. sabe cómo se cazan los cerdos   salvajes del monte?- me espetó el paisano sin más trámite, mientras me servía un vasito chato de ese fortísimo aguardiente.

 - Bueno, creo que los perros los acorralan y con un fusil los abaten, le contesté prudentemente, presintiendo que la historia venía por otro lado y que el viejo sabía más que yo…

En este caso, no es así. -me dijo don Nicolás- y prosiguió: Y cuando le diga cómo los cazo yo y como los “amanso”, Ud. entenderá porqué se los llama de raza “española” y si es un hombre inteligente, podrá sacar algunas conclusiones acerca de por qué a los españoles nos va como nos va.

En el fondo de la finca, detrás de aquel bosque de álamos y hasta la orilla del río, hay un monte agreste sin cultivar. En ese monte abundan las manadas de cerdos salvajes.

Para cazarlos comienzo por buscar un claro sin maleza, donde tiro unos puñados de maíz en el suelo. Cuando los cerdos lo descubren, van a comer todos los días, y solo tengo que reponerles diariamente la ración.

Una vez acostumbrados, construyo una cerca en uno de los lados del claro y sigo poniéndoles alimento. Durante unos días van a desconfiar, pero terminan por volver. Entonces hago otra cerca formando una “L” con la anterior, y les sigo poniendo comida hasta que de nuevo dejan de desconfiar y regresan a comer.

 Y así sucesivamente, hasta que casi cierro los cuatro lados y solo dejo una abertura para un portón. Para entonces se han acostumbrado al maíz fácil, le han perdido el miedo a las cercas y entran y salen casi con naturalidad…

Otro día coloco el portón, lo dejo abierto y sigo poniendo maíz, hasta que encuentro la piara comiendo, entonces cierro la puerta.  Al principio empiezan a correr en círculos como locos, pero ya están sometidos. Muy pronto se tranquilizan y vuelven al alimento fácil, ya que se olvidaron de buscarlo por sí mismos, y aceptan la esclavitud.

Nosotros, los españoles (y exactamente igual en todos los países) debemos darnos cuenta que todos los políticos que tenemos y hemos tenido en muchos años proceden de la misma manera que yo con los cerdos…

Nos tiran maíz gratis disfrazado de programas de ayuda, planes sociales, empleos públicos, cargos políticos, sueldos para liberados y asesores, subsidios para los parados, leyes proteccionistas, sobornos electorales… Todo a costa del sacrificio de las libertades que nos van confiscando migaja a migaja…

Y muchos españoles no se dan cuenta que no existe la comida gratis, y que no es posible que alguien preste un servicio más barato que el que uno mismo hace. ¿Acaso no ven que toda esa maravillosa “ayuda” que reparte cualquier gobierno de turno, lo hace con el dinero que el pueblo le entrega para bien administrarlo, y no para depredar las libertades y los bienes    de la gente que trabaja y que produce?

¿Cómo pueden exigirnos sacrificios, si los políticos derrochan nuestro dinero en suntuosos gastos y a la vez ellos se enriquecen?

¡¡¡Sigamos así – no más -, y que Dios nos ayude cuando nos cierren el portón!!!

Don Nico apuró de un solo trago lo que quedaba del cuarto vasito, me saludó y se fue renqueando por la puerta de la cocina.

Y yo, trastornado y apabullado por la verdad, saludé al hijo y me volví  por el polvoriento camino de regreso a casa… pensando ¡estamos domesticados!

Hasta cuándo vamos a consentirlo?

¡ NOS ESTÁN CERRANDO EL PORTÓN!














viernes, 3 de marzo de 2017

Receso

-Un español entra en una farmacia de Londres.
- ¿Hay ampollas?
- Welcome Mr Pollas Can I help you?
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- ¿Cómo murieron los soldados?
- Abatidos.
- Pues ya tuvieron que beber; ya
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- Perdone; ¿en que sección están los libros sobre el sentido del gusto?
- Lo siento; sobre gustos no hay nada escrito
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- Bueno, entonces ¿Tú y yo qué somos?
- Pronombres cariño
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- ¿A dónde vas Diógenes?
- A subir la basura


miércoles, 1 de marzo de 2017

Empezar el mes con buenas noticias

Carlos y Andrea (nombres ficticios) se conocieron en la universidad, y allí iniciaron su noviazgo, «muy bonito e intenso», cuentan. Estuvieron saliendo cinco años, pero un embarazo imprevisto les animó a acelerar la fecha de su boda. «Yo me quedé embarazada y nos dimos prisa por casarnos, perolo hicimos muy enamorados, muy contentos y muy convencidos de lo que estábamos haciendo», recuerda Andrea.

El matrimonio, sin embargo, empezó «con una inmadurez por ambas partes», explican, porque «estábamos centrados en los estudios, en la universidad y cuando comenzaron a llegar los problemas no supimos reaccionar. Cuando te casas nadie te da un manual, no sabes bien qué es esto del matrimonio».

Tras los problemas iniciales, económicos y laborales sobre todo, poco a poco empezaron a salir adelante, incluso llegaron al cabo de un tiempo los dos hijos de este matrimonio. «Pero teníamos muchas carencias, la base de nuestra relación no era sólida, y aparecieron otros problemas, sobre todo a nivel de comunicación». Andrea se reconoce más sensible y Carlos más callado y práctico, y poco a poco cada uno se empezó a refugiar en su trabajo para escapar a la situación que vivían en casa. «A nivel laboral nos iba bien, pero el matrimonio nos iba bastante mal».

Llega el divorcio
La situación era tan irrespirable que Andrea tomó por su cuenta la decisión de divorciarse, «en un arrebato de incomprensión y de dolor», en el año 2010. «Yo me fui con mis hijos y mis cosas, convencida de que aquello era inviable. No hubo infidelidad por ninguna de las partes, sino incomunicación. Yo no me sentía valorada y él no me entendía». Para Andrea «Paco seguía siendo el único hombre de mi vida, pero tras el divorcio comencé una relación con otro hombre que al final resultó ser terrible y dolorosa. Pensaba que iba a ser la panacea, que me iba a dar la complicidad y comprensión que no me había dado mi marido, pero no fue así».

Después de aquello Andrea cayó en una depresión, la misma situación en la que cayó Carlos, al que el divorcio le llevó incluso a amagar un intento de suicidio. «Los dos estábamos muy mal», reconocen.

Intentos de volver
Los años siguientes se centraron en su trabajo, pero Andrea seguía pensando en Carlos. «Yo seguía pensando en él, por la mañana y por la noche. Yo sabía que no podía haber otro hombre en mi vida pero tenía la frustración de que no había salido bien. Aunque me había mucho daño». Por su parte, Carlos empezó a cuidar a su mujer y a sus hijos a distancia: «Yo la apoyaba todo lo que podía, con los niños y con la casa. Mis amigos, especialmente los que están divorciados, decían que estaba loco, pero yo tenía muy claro que tenía que cuidar de ellos. Yo creo que siempre hubo amor entre nosotros. Yo insistí muchas veces y ella me cerraba las puertas, quizá por orgullo, pero yo sabía que mi vida era ella». En aquellos años hubo incluso algunos intentos de volver a retomar la relación que no llegaron a cuajar, porque ambos se dieron cuenta de que los problemas de comunicación persistían.

La decisión
Hasta que en el año 2015 Carlos desistió de intentar retomar el matrimonio y comenzó una relación con otra mujer. «Yo vi entonces que podía perder al que había sido el amor de mi vida –explica Andrea– por mi orgullo y por no querer perdonar. Pensé que a lo mejor se había cansado de esperarme». Y entonces decidió llamar a Magüi, una amiga suya que junto a su marido José Luis son los responsables del Proyecto Amor Conyugal, que ya está implantado en varias ciudades de España y que ayuda a los matrimonios a reforzar su relación.

«A José Luis y Magüi les conocíamos porque nos dieron las catequesis prebautismales de nuestros hijos», y desde entonces se han vuelto inseparables. Poco a poco comprendieron que ambos eran el amor de la vida del otro, y que merecía la pena intentarlo. «El proceso de volver fue muy duro», pero aun así Carlos dejó aquella relación incipiente y volvió a casa con su mujer y sus hijos.

No hay un manual
«Nadie te enseña a ser un buen esposo o una buena esposa. No hay un manual, es muy difícil. Nosotros todavía estamos en construcción y luchando. Estamos intentando encajar de nuevo el puzzle, pero los dos tenemos claro que queremos estar juntos», cuentan.

Ya llevan un año y dos meses juntos de nuevo, y van al Proyecto Amor Conyugal todas las semanas, para conocer y practicar las herramientas necesarias para que toda relación funcione bien. «Estamos todavía en la Unidad de Cuidados Intensivos, nos ayudan mucho», explican. Por eso, «aunque mucha gente no nos entiende y nos dice: “Tú estás loca” o “Tú estás loco”, nosotros sabemos que un matrimonio se puede reconstruir, aunque estuvieran tan mal como nosotros. Se puede volver».

Queremos ayudar a otros
Por la experiencia que han vivido quieren ofrecerse también a otras parejas para servir de ayuda: «Si hubiera a alguien que necesitara ayuda o escuchar nuestra experiencia que nos contacten a través de Proyecto Amor Conyugal. Si alguien tiene una experiencia dolorosa y nosotros podemos darle, sería maravilloso, porque se ha frivolizado mucho con el divorcio y no se dice que las separaciones son en realidad un trauma».
  
Publicado en www.religionenlibertad.com

viernes, 24 de febrero de 2017

Receso

- Veo que ha puesto en su currículum, que es distraído.
- ¿Quién?
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- Dígame su nombre.
- Peter O´Brian
- Decídase por favor.
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- ¡Acusado! ¡Hable ahora o calle para siempre!
- Elijo calle.
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- Nunca me escuchas
- Y yo a ti
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- ¿Cuántos gordos hacen falta para pelear?
- Dos a lo sumo
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-Cada vez que oigo que el estado islámico quiere hacer un supercalifato; digo por lo bajini "expialidoso"



jueves, 23 de febrero de 2017

Reflexiones inteligentes

Me gustan los perdedores que han sabido asumir su derrota y empezar de nuevo. (Enrique Rojas, psiquiatra)


No te preocupes demasiado por lo que dicen de ti, ni siquiera Dios ha logrado caerle bien a todo el mundo. (Mi abuela sabia)

lunes, 20 de febrero de 2017

¡Qué sabiduría!

Los hombres están siempre dispuestos a curiosear y averiguar sobre las vidas ajenas, pero les da pereza conocerse a sí mismos y corregir su propia vida.
(San Agustín)