Opiniones personales. Opiniones ajenas. Mafalda. Otros
sábado, 19 de septiembre de 2015
viernes, 18 de septiembre de 2015
jueves, 17 de septiembre de 2015
miércoles, 16 de septiembre de 2015
Consejos de Picasso
Yo hago lo imposible, porque lo posible lo hace cualquiera.
Hay personas que transforman el Sol en una simple mancha
amarilla, pero hay también quien hace de una simple mancha amarilla el propio
Sol.
Di a aquellos que amas que realmente los amas y en todas las
oportunidades y recuerda siempre que la vida no se mide por la cantidad que
respiraste, sino los momentos que tu corazón palpito
fuerte: de tanto reír… de sorpresa…de
éxtasis… De felicidad… sobre todo de querer sin medida.
Cuando lleguen las lágrimas: aguanta, sufre y … sigue adelante.
La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando.
Apaga el gris de tu vida y enciende los colores que llevas
adentro.
Cuando me dicen que soy demasiado viejo para hacer una cosa,
procuro hacerla enseguida.
No sucumbas a la añoranza. Sal a la calle. Ve a una ciudad
vecina, a un país extranjero, pero… ¡no
viajes al pasado que duele!
Tu hogar es tu
refugio, pero no acabes encerrado en él.
Ríe siempre, mucho y alto. Ríe hasta desternillarte. ¡incluso de
ti!
Un pintor es un hombre que pinta lo que vende. Un artista, en
cambio, es un hombre que vende lo que pinta.
Abre tus sentidos para no perder nada de lo bello y hermoso que
te rodea.
El amor es el mayor refrigerio de la vida.
martes, 15 de septiembre de 2015
lunes, 14 de septiembre de 2015
Aforismos
Los "progres" creen que lo moderno es bueno; y los "retros" que es
malo. Pero como todo lo humano, es mezcla.
Lo mejor de la Modernidad han sido las libertades y las
ciencias, y lo peor, la manipulación ideológica y la violencia.
Es una sangrante paradoja que los derechos humanos se hayan
difundido con tanta sangre.
El verdadero liberalismo es el que promueve las libertades
públicas y la responsabilidad privada.
La tentación constante de la Ilustración ha sido suponer que el
pueblo es tonto y conservador; y, en consecuencia, concebir la educación como
propaganda y la política como imposición.
(Del libro Aforismos. Ed. Rialp)
domingo, 13 de septiembre de 2015
sábado, 12 de septiembre de 2015
viernes, 11 de septiembre de 2015
Historias interesantes
Noriyasu
Watanabe, japonés de 32 años, natural de la provincia de Ibaraki,
no lejos de Tokio, será ordenado sacerdote en Toledo (España).
Noriyasu hace 12 años, no sabía absolutamente nada de la fe
católica, y nunca en su vida había visto a un católico. Pero a los
20 años, en un viaje de estudios en Canadá, un compañero español
le invitó a ir a misa… y en esa misa cambió su vida.
Una familia sin religión
“Mi familia no creía en nada. Tenían algo de sintoísmo y budismo, como cultura. Mis padres se casaron por rito sintoísta, como es común en Japón, y celebraban los funerales por rito budista, que es lo habitual allí. “Yo, de niño, preguntaba qué pasaba cuando se muere alguien. En el colegio y en el ambiente social me enseñaron que con la muerte se acaba todo. Mis padres me decían, sin embargo, que había un ‘algo’ tras la muerte. Creían en un cierto respeto a los antepasados… aunque en casa no teníamos recuerdos ni culto de ellos. En Japón nunca vi ningún sacerdote católico, en mi ciudad no había católicos. En las películas a veces salían protestantes… aunque yo no sabía que había cristianos de distintos tipos. No recuerdo haber visto ni siquiera una noticia sobre el Papa en televisión, por ejemplo”.
Noriyasu no era un estudiante muy bueno, y de hecho no acabó el bachillerato, sino que se puso a trabajar en la empresa de construcción de su abuelo. Pero tenía inquietudes. “Yo me hacía preguntas por el sentido de la vida, y por cómo serían otras culturas”. Por eso, le encantó poder ir con 20 años a un viaje de intercambio cultural a Vancouver, en Canadá.
Una familia sin religión
“Mi familia no creía en nada. Tenían algo de sintoísmo y budismo, como cultura. Mis padres se casaron por rito sintoísta, como es común en Japón, y celebraban los funerales por rito budista, que es lo habitual allí. “Yo, de niño, preguntaba qué pasaba cuando se muere alguien. En el colegio y en el ambiente social me enseñaron que con la muerte se acaba todo. Mis padres me decían, sin embargo, que había un ‘algo’ tras la muerte. Creían en un cierto respeto a los antepasados… aunque en casa no teníamos recuerdos ni culto de ellos. En Japón nunca vi ningún sacerdote católico, en mi ciudad no había católicos. En las películas a veces salían protestantes… aunque yo no sabía que había cristianos de distintos tipos. No recuerdo haber visto ni siquiera una noticia sobre el Papa en televisión, por ejemplo”.
Noriyasu no era un estudiante muy bueno, y de hecho no acabó el bachillerato, sino que se puso a trabajar en la empresa de construcción de su abuelo. Pero tenía inquietudes. “Yo me hacía preguntas por el sentido de la vida, y por cómo serían otras culturas”. Por eso, le encantó poder ir con 20 años a un viaje de intercambio cultural a Vancouver, en Canadá.
Su
primer católico: un español en Canadá
En la academia de inglés de Vancouver conoció a otro estudiante, Arturo, un joven católico español de 24 años que procuraba ir a misa cada día. "Al principio no me interesaba nada religioso, pero me llamaba la atención la alegría que tenía este chico. Pensé que él tenía algo que yo no tenía. Nuestra primera conversación fue sobre la Virgen, en clase de conversación en inglés. Arturo me preguntó si yo conocía a la Virgen. Le dije que ni idea. Me enseñó entonces su escapulario de la Virgen del Carmen y me dijo que era la Madre de Cristo”, recuerda Noriyasu. Arturo ayudaba mucho al joven japonés y siempre era alegre y amable. “Pensé: como cada día va a la iglesia, quizá ahí está su secreto”, y por eso, atraído por la alegría de su amigo, decidió acompañarle a misa un día.
Primera misa: “Ahí está Dios”… y lo creyó
Noriyasu describe esa primera misa inolvidable. “Era un día de entre semana. Yo no tenía ni idea de nada... pero allí sentía mi corazón lleno de felicidad. Antes de entrar, Arturo me dijo: ‘Tu haz lo que yo haga’. Hizo la genuflexión al entrar, yo también. En el banco se puso de rodillas, yo también. Me señaló el Sagrario y me dijo: ‘Ahi está el Señor’... y yo, en vez de reírme, lo creí, porque sentía mi corazón lleno de felicidad. Me sorprendió. No entendí nada de la misa, pero me sentía feliz. Emocionado. Vi que había mucha gente que asistía con devoción. El silencio expresaba respeto, sobre todo en la comunión. Se acercaban a comulgar con recogimiento. También Arturo fue y al volver parecía otra persona, como quien guarda un tesoro”.
La novedad de orar y leer la Biblia
Tras la misa Noriyasu dijo a Arturo: “explícame más”. Y empezó a ir cada día a misa con él. “Yo rezaba a mi manera. Sabiendo que Dios estaba en el Sagrario, yo le hablaba. Con el tiempo Arturo me enseñó el Padrenuestro, el Avemaría. Fuimos a comprar una Biblia en japonés, ¡en Vancouver! En una librería muy vieja encontramos esa Biblia. Empecé a leerla. En cada página encontraba respuestas a mis preguntas: qué hay tras la muerte y cuál es el sentido de la vida”.
En la academia de inglés de Vancouver conoció a otro estudiante, Arturo, un joven católico español de 24 años que procuraba ir a misa cada día. "Al principio no me interesaba nada religioso, pero me llamaba la atención la alegría que tenía este chico. Pensé que él tenía algo que yo no tenía. Nuestra primera conversación fue sobre la Virgen, en clase de conversación en inglés. Arturo me preguntó si yo conocía a la Virgen. Le dije que ni idea. Me enseñó entonces su escapulario de la Virgen del Carmen y me dijo que era la Madre de Cristo”, recuerda Noriyasu. Arturo ayudaba mucho al joven japonés y siempre era alegre y amable. “Pensé: como cada día va a la iglesia, quizá ahí está su secreto”, y por eso, atraído por la alegría de su amigo, decidió acompañarle a misa un día.
Primera misa: “Ahí está Dios”… y lo creyó
Noriyasu describe esa primera misa inolvidable. “Era un día de entre semana. Yo no tenía ni idea de nada... pero allí sentía mi corazón lleno de felicidad. Antes de entrar, Arturo me dijo: ‘Tu haz lo que yo haga’. Hizo la genuflexión al entrar, yo también. En el banco se puso de rodillas, yo también. Me señaló el Sagrario y me dijo: ‘Ahi está el Señor’... y yo, en vez de reírme, lo creí, porque sentía mi corazón lleno de felicidad. Me sorprendió. No entendí nada de la misa, pero me sentía feliz. Emocionado. Vi que había mucha gente que asistía con devoción. El silencio expresaba respeto, sobre todo en la comunión. Se acercaban a comulgar con recogimiento. También Arturo fue y al volver parecía otra persona, como quien guarda un tesoro”.
La novedad de orar y leer la Biblia
Tras la misa Noriyasu dijo a Arturo: “explícame más”. Y empezó a ir cada día a misa con él. “Yo rezaba a mi manera. Sabiendo que Dios estaba en el Sagrario, yo le hablaba. Con el tiempo Arturo me enseñó el Padrenuestro, el Avemaría. Fuimos a comprar una Biblia en japonés, ¡en Vancouver! En una librería muy vieja encontramos esa Biblia. Empecé a leerla. En cada página encontraba respuestas a mis preguntas: qué hay tras la muerte y cuál es el sentido de la vida”.
“Empecé
por el Evangelio. Me llamaban la atención algunas frases de Jesús
como "venid a mí los cansados y agobiados", "no os
preocupéis por el mañana"… Me interesaban esas instrucciones
para vivir cada día. Yo estaba en el extranjero y eso a veces me
agobiaba, pero las palabras de Jesús -"no os agobiéis"-,
me ayudaban". "No veía a Dios lejano, sino cercano en
Jesús. Él vivía conmigo, porque cada vez que abría la Biblia
Él me enseñaba, me acompañaba. Y Dios estaba también allí en la
Iglesia".
En
verano de 2003 Arturo y Noriyasu vivían en Londres, mejorando su
inglés. Allí el joven japonés consiguió un Catecismo en su idioma
y consultaba a su amigo y a sacerdotes londinenses sobre la fe.
En septiembre acudieron a España al encuentro de Jóvenes por el Reino de Cristo, la rama joven de las asociaciones del Apostolado de la Oración, de espiritualidad del Sagrado Corazón. “Éramos unos 500, nunca había visto tantos jóvenes cristianos. Me encantó. En esos días yo ya pensaba en bautizarme”.
Allí conoció al padre José María Alsina, de los Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, y al cardenal Antonio Cañizares, que entonces era el arzobispo de Toledo. “Conté al arzobispo Cañizares que yo quería bautizarme, que me gustaba estudiar el catecismo, que yo amaba a Jesús y a la Virgen… y me dijo: ‘Yo te bautizaré’. Y así fue”.
Después de unos meses más en Londres, volvió a Toledo en Navidad, alojándose en la casa de su amigo Arturo en Talavera de la Reina, y el 4 de enero de 2004 el arzobispo le bautizó en la catedral.
Tomó el nombre cristiano de Ignacio. “Al principio me gustaba Francisco Javier, apóstol del Japón… pero luego pensé que Ignacio fue quien evangelizó a Francisco Javier”, dice con humor.
En septiembre acudieron a España al encuentro de Jóvenes por el Reino de Cristo, la rama joven de las asociaciones del Apostolado de la Oración, de espiritualidad del Sagrado Corazón. “Éramos unos 500, nunca había visto tantos jóvenes cristianos. Me encantó. En esos días yo ya pensaba en bautizarme”.
Allí conoció al padre José María Alsina, de los Hijos de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, y al cardenal Antonio Cañizares, que entonces era el arzobispo de Toledo. “Conté al arzobispo Cañizares que yo quería bautizarme, que me gustaba estudiar el catecismo, que yo amaba a Jesús y a la Virgen… y me dijo: ‘Yo te bautizaré’. Y así fue”.
Después de unos meses más en Londres, volvió a Toledo en Navidad, alojándose en la casa de su amigo Arturo en Talavera de la Reina, y el 4 de enero de 2004 el arzobispo le bautizó en la catedral.
Tomó el nombre cristiano de Ignacio. “Al principio me gustaba Francisco Javier, apóstol del Japón… pero luego pensé que Ignacio fue quien evangelizó a Francisco Javier”, dice con humor.
“Yo
no sabía nada de la cultura española. Solo sabía lo de toros,
flamenco, sevillanas, y nada más... Vine a un ambiente muy cristiano
que me llamó la atención. Muchas veces pensaba que los españoles
siempre estaban peleándose, porque hablan muy fuerte. Luego vi que
no es así. Me gustó la comida española, sobre todo la tortilla de
patatas y el jamón serrano”, recuerda divertido. Arturo y su
familia fueron la gran puerta de Nori a la vida española. Arturo se
casó y tuvo hijos, y la madre de Arturo ha sido como una "madre
española" para el japonés.
Del bautismo al sacerdocio
Noriyasu, incluso antes de estar bautizado, tenía claro que quería conocer y seguir la voluntad de Dios para él. “Ser bautizado sí me dio un poco de miedo, pensando en mis amigos, mi familia... En esa época ni mis padres ni mis amigos entendían nada de lo que yo hacía, les parecía algo raro y lejanísimo… Pero yo ya no podía vivir sin Dios, no podía volver al pasado, quería vivir para siempre para el Señor, y desde mi bautismo quería acercarme a él más y más. Yo le preguntaba en oración a Dios: "Señor, qué quieres que haga por ti". Y él me fue mostrando que quería que me entregase a Él. Ya no podía vivir para otra cosa.
De vuelta a Japón
Noriyasu, que ahora era también Ignacio, volvió un tiempo a arreglar algunos papeles a Japón tras su bautismo. Él era ahora un joven muy distinto al que había salido del país del Sol Naciente.
“Estuve un año en la empresa de mi abuelo ahorrando dinero. Iba a misa allí y era distinto. Ir a misa en Japón es difícil. ¿Misa diaria? En mi zona, imposible. En mi parroquia sólo había un sacerdote que acudía sólo los domingos. La mayoría de la gente en la parroquia eran extranjeros. Muy majos todos, pero ¡era otra cosa! Hoy, cuando han pasado años y me he formado como sacerdote, entiendo que el ambiente católico allí es ´más progre´, como se dice en España. Se practica poco la confesión, por ejemplo”.
Del bautismo al sacerdocio
Noriyasu, incluso antes de estar bautizado, tenía claro que quería conocer y seguir la voluntad de Dios para él. “Ser bautizado sí me dio un poco de miedo, pensando en mis amigos, mi familia... En esa época ni mis padres ni mis amigos entendían nada de lo que yo hacía, les parecía algo raro y lejanísimo… Pero yo ya no podía vivir sin Dios, no podía volver al pasado, quería vivir para siempre para el Señor, y desde mi bautismo quería acercarme a él más y más. Yo le preguntaba en oración a Dios: "Señor, qué quieres que haga por ti". Y él me fue mostrando que quería que me entregase a Él. Ya no podía vivir para otra cosa.
De vuelta a Japón
Noriyasu, que ahora era también Ignacio, volvió un tiempo a arreglar algunos papeles a Japón tras su bautismo. Él era ahora un joven muy distinto al que había salido del país del Sol Naciente.
“Estuve un año en la empresa de mi abuelo ahorrando dinero. Iba a misa allí y era distinto. Ir a misa en Japón es difícil. ¿Misa diaria? En mi zona, imposible. En mi parroquia sólo había un sacerdote que acudía sólo los domingos. La mayoría de la gente en la parroquia eran extranjeros. Muy majos todos, pero ¡era otra cosa! Hoy, cuando han pasado años y me he formado como sacerdote, entiendo que el ambiente católico allí es ´más progre´, como se dice en España. Se practica poco la confesión, por ejemplo”.
Evangelizando
en la familia
Noriyasu dice que le “gustaría mucho llevar Cristo a los japoneses, porque a mí conocer a Cristo me dio el sentido de la vida. Haría todo lo que pueda para darlo a conocer”. De hecho, empezó compartiendo su experiencia con su familia.
“Mi abuelo, que murió el día de San José, se bautizó poco antes de morir. Mi abuela aprendió a rezar el Rosario y ahora lo reza todos los días. Mi madre ya va a la Iglesia cuando puede. ¡Ojalá todos los japoneses conocieran a Cristo! En Japón hay dinero, pero no hay sentido. Yo veo que la sociedad japonesa es triste, lo veía de adolescente y lo veo hoy, pensando en el número de suicidios”.
Noriyasu dice que le “gustaría mucho llevar Cristo a los japoneses, porque a mí conocer a Cristo me dio el sentido de la vida. Haría todo lo que pueda para darlo a conocer”. De hecho, empezó compartiendo su experiencia con su familia.
“Mi abuelo, que murió el día de San José, se bautizó poco antes de morir. Mi abuela aprendió a rezar el Rosario y ahora lo reza todos los días. Mi madre ya va a la Iglesia cuando puede. ¡Ojalá todos los japoneses conocieran a Cristo! En Japón hay dinero, pero no hay sentido. Yo veo que la sociedad japonesa es triste, lo veía de adolescente y lo veo hoy, pensando en el número de suicidios”.
Pero
como su congregación no tiene casa en Japón, parece más probable
que, por unos años al menos, sea sacerdote en España. “Donde Dios
quiera, estoy muy tranquilo. ¡Me gustan los pueblos de Toledo! Y me
da pena que muchos españoles desconozcan cada vez más a Jesús...
que incluso lo rechacen. Muchos buscan la felicidad fuera de Él y
eso no funciona. Quizá la sociedad española se parecerá cada vez
más a la japonesa, sin Dios, triste. Pero yo estaré alegre de
servir a Dios donde Él me pida”.
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jueves, 10 de septiembre de 2015
miércoles, 9 de septiembre de 2015
martes, 8 de septiembre de 2015
5 remedios contra las preocupaciones
1.Si
nuestra preocupación es por algo presente, es útil el analizar
cuidadosamente el problema, luego buscar lo que se puede hacer para
solucionarlo, y finalmente decidirse por alguno de los medios que
aparecen.
2.- No hacer grande lo pequeño. No agitarse por naderías. Válgase de aquel dicho popular: “Más se perdió en el diluvio”
3.- Alegrarnos de lo que tenemos y no prestar atención fija en lo que no tenemos y que quizá ni falta nos hace. Muchas de nuestras exigencias no nos hacen felices, solo crean servidumbres y preocupaciones.
4.- No hagamos caso de críticas, calumnias o burlas. Hagamos el bien y dejemos que critiquen. Es frecuentemente que se critique a personas que valen y precisamente porque algo se están destacando. También a Cristo lo criticaron y aun lo traiciono un amigo. Que las críticas nos ayuden a perfeccionarnos.
5.- El encomendarse a Dios y confiar en su poder y en su amor a nosotros, disipa muchas preocupaciones. La oración confiada es de lo mejores medio para tranquilizar en los problemas y para resolverlos mejor. Cristo sufría en el huerto de los olivos y le dio fortaleza.
2.- No hacer grande lo pequeño. No agitarse por naderías. Válgase de aquel dicho popular: “Más se perdió en el diluvio”
3.- Alegrarnos de lo que tenemos y no prestar atención fija en lo que no tenemos y que quizá ni falta nos hace. Muchas de nuestras exigencias no nos hacen felices, solo crean servidumbres y preocupaciones.
4.- No hagamos caso de críticas, calumnias o burlas. Hagamos el bien y dejemos que critiquen. Es frecuentemente que se critique a personas que valen y precisamente porque algo se están destacando. También a Cristo lo criticaron y aun lo traiciono un amigo. Que las críticas nos ayuden a perfeccionarnos.
5.- El encomendarse a Dios y confiar en su poder y en su amor a nosotros, disipa muchas preocupaciones. La oración confiada es de lo mejores medio para tranquilizar en los problemas y para resolverlos mejor. Cristo sufría en el huerto de los olivos y le dio fortaleza.
lunes, 7 de septiembre de 2015
Noticias espeluznantes
El
siniestro negocio de la venta de órganos de fetos abortados
Dos
vídeos con cámara oculta han demostrado cómo la multinacional
abortista hace negocio vendiendo los tejidos y órganos de los fetos
abortados en sus clínicas.
Por
si no fuera bastante siniestro el negocio legal de Planned
Parenthood, ahora se ha descubierto que la multinacional abortista
tiene otro negocio que además de espeluznante es ilegal. Después
de asesinar a los niños no nacidos en las clínicas abortistas,
venden
los tejidos y los órganos de los fetos a empresas que investigan
con ellos.
Dos vídeos con cámara oculta publicados por la
asociación pro-vida Centro para el Progreso Médico (CPM) demuestran
que la empresa se
lucra con el tráfico de órganos humanos.
Fingiendo ser investigadores científicos interesados en comprar
tejidos y partes de los fetos abortados, miembros de la asociación
pro-vida graban dos conversaciones con directivos de Planned
Parenthood que hablan sin tapujos del negocio que hacen con las
partes de los bebés descuartizados antes de nacer.
En
el primero de los vídeos que han salido a la luz, Deborah
Nucatola, ginecóloga y directora de servicios médicos
de Planned Parenthood, relata con escalofriante frialdad cómo a la
hora de practicar un aborto se
cuida de no estropear los órganos más demandados de los fetos.
Mientras come tranquilamente una ensalada, Nucatola afirma que
en Planned Parenthood "somos muy buenos en conseguir el corazón,
el pulmón, y el hígado, porque
intentamos no aplastar esa parte,
sino aplastar y presionar encima y debajo, y de este modo sacar
esas partes íntegras".
¿Y todavía hay alguien que defiende el aborto como un derecho de la mujer?
domingo, 6 de septiembre de 2015
Reflexión muy actual
San
Agustín (430 dp. JC) :
A
fuerza de verlo todo, se termina por soportarlo todo ...
A
fuerza de soportarlo todo, se termina por tolerarlo todo...
A
fuerza de tolerarlo todo, terminas aceptándolo todo ...
A
fuerza de aceptarlo todo, finalmente lo aprobamos todo.
Mañana, la continuación.
sábado, 5 de septiembre de 2015
viernes, 4 de septiembre de 2015
jueves, 3 de septiembre de 2015
El síndrome de la rana hervida
Imaginen
una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una
rana. Se está calentando la cazuela a fuego lento. Al
cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le
parece agradable, y sigue nadando. La temperatura empieza a
subir. Ahora el agua está caliente. Un poco más de lo que gusta a
la rana. Pero no se inquieta y además el calor siempre le produce
algo de fatiga y somnolencia. Ahora
el agua está caliente de verdad. A la rana le empieza a parecer desagradable. Lo malo es que se encuentra sin fuerzas, así que se
limita a aguantar y no hace nada más.
Si la
hubiéramos sumergido de golpe en un recipiente con el agua a
cincuenta grados, se habría puesto a salvo de un enérgico salto.
“Es
un experimento rico en enseñanzas, dice el autor. Nos demuestra que
un deterioro, si es muy lento, pasa inadvertido y la mayoría de las
veces no suscita reacción, ni oposición, ni rebeldía”.
Si nos
fijamos en lo que está sucediendo en nuestra sociedad en las últimas
décadas, estamos experimentando una lenta deriva a la que nos vamos
acostumbrando.
Un
montón de cosas que nos habrían horrorizado hace 10, 15 o 20 años,
fueron poco a poco banalizándose suavemente y viéndose normal; hoy nos dejan indiferentes a la mayoría de la gente.
En
nombre del progreso y de la ciencia, las peores violaciones de la
libertad individual, la dignidad, la integridad de la naturaleza, la
belleza y la alegría de vivir, se
efectúan lenta e inexorablemente con la complicidad constante de las
víctimas, ignorantes o despojadas.
Los
negros cuadros anunciados para el futuro, en lugar de suscitar
reacciones y medidas preventivas, sólo preparan psicológicamente el
pueblo para aceptar condiciones decadentes de vida DRAMATICAS.
El
BOMBARDEO PERMANENTE "políticamente correcto" de
informaciones por parte de los medios de comunicación, saturan los
cerebros, que ya no pueden dar sentido a las cosas...
Así
que si usted no es como la rana medio cocida, pegue el salto y salga
de la cazuela antes de que sea demasiado tarde.
Es lo
que denunciaba ya San Agustín (430 dp. JC) :
A
fuerza de verlo todo, se termina por soportarlo todo ...
A
fuerza de soportarlo todo, se termina por tolerarlo todo...
A
fuerza de tolerarlo todo, terminas aceptándolo todo ...
A
fuerza de aceptarlo todo, finalmente lo aprobamos todo
miércoles, 2 de septiembre de 2015
Relatos que pueden interesar
La
abadía de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, en
Frattocchie (Italia), toma su origen de la supresión de la abadía
de Nuestra Señora de las Catacumbas de San Calixto, cerca de Roma.
Los trapenses habían sido expresamente deseados y llamados por el
Papa León XIII en 1883 para que fuesen los custodios de estos santos
lugares que constituyen el célebre cementerio de los primeros siglos
de la Iglesia junto a la vía Apia.
Hace 40 años, el Padre José ingresó al monasterio, tras haber llevado una vida vinculada a la música de rock (fue un importante batería de destacados artistas argentinos). Destaca que Dios encuentra al hombre donde el hombre está, y manifiesta, “no hace como nosotros que preparamos un escenario, mi experiencia personal es que Dios me vino a buscar donde yo estaba. Yo no reniego del pasado, al contrario, fue el lugar que Él eligió para encontrarse conmigo”.
José Otero, monje trapense de la abadía de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, explicaba esto:
“Un día pasó Jesús por acá, y me dijo sígueme, y yo acepté y dije me voy atrás de este, que tiene la verdad y la vida”. Y así comenzó, tenía 24 años cuando tuvo una conversión. Un amigo suyo lo visitó una noche en el lugar donde él trabajaba. El amigo cumplía años de casados con su esposa, y lo invitaron a su casa a comer un pedazo de tarta. Después a la mañana siguiente lo llevaron a misa. “Me regalaron la maravilla de la misa”, cuenta emocionado. En ese momento él no iba a misa, mientras que sus amigos iban todos los días. Y a partir de ellos Rolando y Mimí, el hoy padre José Otero, empezó a visitar a los benedictinos de Buenos Aires. “Y ahí fue mi conversión”, indica. Así comenzó a empaparse de todo lo que era la vida monástica. Como quien se sabe amado, cuenta que en un momento determinado hizo la opción entre seguir con su profesión o entrar en el monasterio y optó por entrar en el monasterio.
Acerca de la dinámica en el Monasterio, el Padre José, dice que la estructura de la vida monástica es ordenar todas las cosas para contar con el tiempo necesario que facilite una vida de oración. Describe este momento, priorizando los oficios divinos, “a las tres y cuarto de la mañana nos levantamos y rezamos, vigilia, laudes, nona, vísperas, y lo más importante es la lectio divina”. Cuentan también con tiempo para el encuentro fraterno, ya que los domingos aprovechan para charlar con los hermanos, caminar en la viña que tienen donde producen vino castelli romani, vino blanco.
El Padre José Otero, reflexiona diciendo que una de las necesidades más grandes que tiene el mundo de hoy es ver encarnada la religión en un grupo de gente, no en personas aisladas, un grupo de personas que se dedique a manifestar que el evangelio es posible, que Jesucristo vive donde dos o más se reúnen en su nombre.
Ante la pregunta qué es lo que lo motiva a elegir todos los días esta vida en el Monasterio, declara que su renovación diaria es el encuentro con Jesús en la Eucaristía, conocer la misericordia de Dios, que es conocer su verdad, experimentar en carne propio el perdón. “Yo pienso que en el cielo vamos a estar permanentemente con la boca abierta, absortos, de todas las novedades que vamos a encontrar en Dios”.
“En la Eucaristía de cada día, junto con la comunidad, se experimenta que Dios está con nosotros, como Él lo prometió, estaré con ustedes hasta el fin del mundo”, concluye.
Hace 40 años, el Padre José ingresó al monasterio, tras haber llevado una vida vinculada a la música de rock (fue un importante batería de destacados artistas argentinos). Destaca que Dios encuentra al hombre donde el hombre está, y manifiesta, “no hace como nosotros que preparamos un escenario, mi experiencia personal es que Dios me vino a buscar donde yo estaba. Yo no reniego del pasado, al contrario, fue el lugar que Él eligió para encontrarse conmigo”.
José Otero, monje trapense de la abadía de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento, explicaba esto:
“Un día pasó Jesús por acá, y me dijo sígueme, y yo acepté y dije me voy atrás de este, que tiene la verdad y la vida”. Y así comenzó, tenía 24 años cuando tuvo una conversión. Un amigo suyo lo visitó una noche en el lugar donde él trabajaba. El amigo cumplía años de casados con su esposa, y lo invitaron a su casa a comer un pedazo de tarta. Después a la mañana siguiente lo llevaron a misa. “Me regalaron la maravilla de la misa”, cuenta emocionado. En ese momento él no iba a misa, mientras que sus amigos iban todos los días. Y a partir de ellos Rolando y Mimí, el hoy padre José Otero, empezó a visitar a los benedictinos de Buenos Aires. “Y ahí fue mi conversión”, indica. Así comenzó a empaparse de todo lo que era la vida monástica. Como quien se sabe amado, cuenta que en un momento determinado hizo la opción entre seguir con su profesión o entrar en el monasterio y optó por entrar en el monasterio.
Acerca de la dinámica en el Monasterio, el Padre José, dice que la estructura de la vida monástica es ordenar todas las cosas para contar con el tiempo necesario que facilite una vida de oración. Describe este momento, priorizando los oficios divinos, “a las tres y cuarto de la mañana nos levantamos y rezamos, vigilia, laudes, nona, vísperas, y lo más importante es la lectio divina”. Cuentan también con tiempo para el encuentro fraterno, ya que los domingos aprovechan para charlar con los hermanos, caminar en la viña que tienen donde producen vino castelli romani, vino blanco.
El Padre José Otero, reflexiona diciendo que una de las necesidades más grandes que tiene el mundo de hoy es ver encarnada la religión en un grupo de gente, no en personas aisladas, un grupo de personas que se dedique a manifestar que el evangelio es posible, que Jesucristo vive donde dos o más se reúnen en su nombre.
Ante la pregunta qué es lo que lo motiva a elegir todos los días esta vida en el Monasterio, declara que su renovación diaria es el encuentro con Jesús en la Eucaristía, conocer la misericordia de Dios, que es conocer su verdad, experimentar en carne propio el perdón. “Yo pienso que en el cielo vamos a estar permanentemente con la boca abierta, absortos, de todas las novedades que vamos a encontrar en Dios”.
“En la Eucaristía de cada día, junto con la comunidad, se experimenta que Dios está con nosotros, como Él lo prometió, estaré con ustedes hasta el fin del mundo”, concluye.
martes, 1 de septiembre de 2015
lunes, 31 de agosto de 2015
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